domingo, 14 de abril de 2013

LEY DE TIERRAS Y RESTITUCION DE VICTIMAS



El conflicto interno y armado colombiano que se ha vivido en nuestro país durante las últimas décadas, ha tenido gran afectación, en especial en los sectores rurales del país, donde comunidades como campesinos, Indígenas han sido presas de la violencia. Pese al reconocimiento y a lo evidente de esta realidad, muchos somos ciegos o simplemente fingimos serlo, desde entidades de Gobierno, hasta la sociedad civil, inmersa en lo monótono de este tema, pero incapaz de movilizarse y proponer cambios.
El conflicto agrario y el conflicto armado interno, son dos ejes que ligados fundamentan lo que hoy es la realidad de las víctimas, de cientos de civiles y familias que como testigos o protagonistas de la guerra, se ven involucrados en la historia de Colombia, una historia construida sobre la sangre.
Diversos intereses, no solo de grupos armados al margen de la ley, sino de elites políticas y económicas sustentan la guerra. El narcotráfico, el secuestro, el terrorismo, las torturas forman parte de la barbarie a la que se ha enfrentado Colombia hace muchos años. Lamentablemente el conflicto se ha convertido en un negocio para muchos actores, por lo cual se ha prolongado y no se han puesto en marcha medidas reales para un camino hacia la paz.
Se propone hoy desarrollar el plan de Ley de víctimas y restitución de tierras, retornando a las comunidades desplazadas forzadamente a sus sitios de origen, sin embargo, no se trata solo de ello, sino de hacer un análisis profundo de la realidad, de desenmarañar los intereses particulares y dar prioridad al bien social, escuchando las voces de los civiles víctimas de esta problemática y analizando uno a uno los factores que hacen parte de este proceso.
En primer lugar es necesario debatir el tema de las tierras, dado que su distribución es totalmente desigual, y a los pequeños propietarios les pertenece solo un bajo porcentaje.  Los campesinos e indígenas que habitaban esos territorios han sido despojados y desplazados forzosamente hacia ciudades, fragmentándose a la vez el desarrollo agrícola, como pieza de desarrollo. Por otra lado es importante mencionar la apropiación y el uso de la tierra y los recursos naturales por parte de grandes capitalistas, en gran parte inversionistas extranjeros, interesados solo en la acumulación de riqueza, olvidando el contexto social y de las comunidades natales.
En este contexto se hace evidente la importancia de la integración de lo rural a las políticas nacionales, no solo en su contexto económico, sino en lo macro de la situación en estos territorios. Se requiere un  análisis en cuanto a la productividad de las tierras, muchas veces utilizadas de forma inadecuada, no solo con fines para el narcotráfico, sino sobreexplotadas, con una notoria destrucción de los recursos naturales, especialmente por las actividades en la Industria minera.
Por otro lado los grupos al margen de la ley usan la tierra como elemento de dominación y de poder, como instrumento de control político. En medio del proceso de negociaciones de paz entre el Gobierno Colombiano y grupos como las FARC y el ELN, se puede suponer, se hace consecuente la mediación en este tema, sin embargo se hacen presentes grandes obstáculos.           En gran medida la condición de ilegitimidad sobre las tierras, pues parte de aquel grupo de pequeños propietarios se encuentra en condición de ilegalidad respecto a la pertenencia de los territorios, lo que hace más arduo el proceso de restitución. Asimismo  aquellas victimas desplazadas,  se encuentran ubicadas en otros sectores, y regresar implica de nuevo un proceso de adaptación, agregando la condición de temor y escepticismo ante el regreso a sus sitios de origen.
Tanto el Estado Colombiano como el país en su globalidad se encuentran en una gran deuda social y política son las víctimas del conflicto agrario y Armado Colombiano. La exclusión del sector rural como potencial de desarrollo y como cuna de ciudadanía, ha permitido la ejecución de actos violentos y de promoción de desigualdad social. No se trata solo de “solucionar” los problemas con leyes, sino de generar una conciencia social que arropen en sentido de las mismas. Para ello es necesario el reconocimiento de la dignidad de las víctimas y la planeación de estrategias dirigidas hacia el crecimiento de potencial humano, más que Eonomico.

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