CONTEXTO
Las relaciones de dominación y en
efecto la cultura patriarcal ejercieron gran influencia en la edad Media. En
aquel momento histórico la Elite económica y la Iglesia Católica eran las
Instituciones poderosas, en todos los ámbitos del desarrollo social, tanto
económico, como político y cultural.
La mujer en que aquella época era
víctima de un descarado machismo. La brujería, tan demonizada con el paso de los
siglos, parece ser un mito. El dogma religioso en especial pone a las mujeres
en condición de inferioridad y sumisión, es por eso que resulta un acto
contestatario la incursión del género femenino en temas como la ciencia, la
medicina, la botánica, la alquimia y la sexualidad.
Por un lado su incursión
“científica” resulta ser un hecho que pone en riesgo los roles tradicionales de
genero que antes limitaban a las mujeres a la crianza de los hijos y a las
labores del hogar. Como ha sucedido históricamente, no era conveniente para la
cultura hegemónica que las mujeres se
integraran al ámbito público social, tal como ha sucedido a otros cuantos
grupos marginados.
Sus conocimientos que a pesar de
ser básicos, se encaminaron hacia una medicina rudimentaria y eran tildados
como poderes demoniacos. El conocimiento sobre control de la reproducción y
métodos abortivos, evidentemente eran llaves hacia un manejo más libre de la
sexualidad femenina.
Como era de esperar aquellas
aptitudes desarrolladas por las “brujas” significaban una gran amenaza al statu
quo de la Época, y una alternativa de empoderamiento femenino, por lo que sus prácticas
y costumbres fueron fuertemente juzgadas, justificando la muerte de cientos de
mujeres en la hoguera.
La Autora pone en evidencia como
la violencia ha sido característica de las relaciones de dominación, y algunos
mecanismos en que la sociedad patriarcal ha censurado radicalmente el
rompimiento o desafío de los roles asignados socialmente al individuo a raíz de
su condición biológica de género.
La situación hace explicitas las
relaciones de poder en que nos encontramos diariamente no solo el ámbito
público sino privado de las prácticas sociales. Instituciones como la religión
señalan los límites éticos y morales de las personas, con el fin de preservar
un orden jerárquico.
Los roles de género han sido
marcados muy verticalmente, al punto de no dar cabida a quien o quienes no se
ajusten a ellos.
La violencia de género se puede
definir como cualquier acción o practica que vulnere la integridad física,
psicológica o mental de un individuo,
por eso es necesario visibilizarla en cualquiera de sus formas.
La participación de las mujeres
en las ciencias y las áreas del conocimiento ha mejorado notablemente con el
paso de los siglos, sin embargo su participación es levemente limitada.
La sexualidad femenina sigue
siendo un tema de censura aunque en menor medida.