En la construcción de
ciudadanía y democracia es obvia la necesidad de la participación de todos los
colectivos sociales, con la inclusión de grupos tan significativos como las
mujeres.
En la formulación de una
política de desarrollo, asimilado con la igualdad y el bienestar social, es
necesaria la inclusión de grupos aislados.
El discurso de progreso planteado
por Occidente, tiene de por sí, contradicciones puesto que la integración y la
división igualitaria del trabajo, no son ejes centrales, incluso el
patriarcalismo se promueve notablemente.
Como es de esperar esta
lógica de progreso, promovida por Occidente, está ligada directamente al
sistema económico capitalista, que sin lugar a dudas, utiliza diariamente los
roles de géneros, en sus prácticas de publicidad y comercio. Haciendo evidente la
desconexión entre los conceptos de “desarrollo” y “ciudadanía”,
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| ¿SERÁ? |
El discurso feminista y de
emancipación de la mujer ya es un tanto manoseado en los temas de la agenda
pública. Pese al gran desarrollo presentado, en cuanto a situación igualitaria
de géneros en la Cultura occidental, en el Siglo XXI aún son evidentes las
manifestaciones de verticalidad. Los estigmas de género no han desaparecido, más
bien han cambiado sus formas, ejerciéndose el patriarcalismo, por otras vías.
Si nos remitimos un poco más
al pasado, el Siglo XX es un momento histórico de cambios, de lucha continua y
de polarización mundial, en todas las materias, el pensamiento binario se hace
presente. Sin embargo en el campo de géneros empieza a ser cuestionado,
haciendo el colectivo femenino reflexión y empoderamiento de sus roles.
En un estadio muy temprano
de los estudios de géneros se debate la premisa de que la identidad de género, está
asignada naturalmente y se produce de manera innata y hereditaria.
Evidentemente este tema no tiene gran discusión pues como lo afirmo Simone Beauvoir “La mujer no
nace, sino se hace”, la identidad de género se define a causa de construcciones
culturales que enmarcan la vida del individuo desde su nacimiento.
El feminismo de primera y
segunda ola que reclaman, participación política, acceso a la vida pública,
recacterizacion de la identidad de géneros, así como emancipación en ámbitos
privados como la sexualidad y la corporalidad, significan una ganancia
histórica de la mujer, que por condiciones culturales fue durante mucho tiempo
presa de marginamiento, por lo menos en el campo de lo público y en el goce de
sus libertades individuales.
No sabemos hasta qué punto
sea conveniente equiparar un género al otro, sin embargo la condición de mujer,
ha fortalecido un sentimiento de aislamiento e incluso de autosegregacion.
Rompiendo la lógica binaria de hombre/ mujer que enmarca la sexualidad, la
tercera ola del feminismo, en la que se destaca Rebeca Walker, pone al
descubierto maneras novedosas, o más bien poco comunes, de pensar y vivir el
ámbito privado, reconociendo la diversidad sexual.
Los paradigmas sociales de género
pasan de estar en blanco y negro, a grises, pues se manifiesta mayor apertura a
identidades como la fundada por la teoría Queer. Aun en la actualidad causa polémica, sin
embargo hace su gran aparición en el ámbito público de las sociedades. El
feminismo aboga de por si por el respeto de la autonomía de cualquier forma de
identidad o auto reconocimiento sexual, incluyendo en la tercera ola grupos tan
diversos como prostitutas, homosexuales, transexuales, Etc.
Cabe destacar que el
feminismo como corriente nace entre las mujeres blancas y “letradas” de países
industrializados y de primer mundo. Surge una de las primeras contradicciones,
teniendo en cuenta que este feminismo, empieza a ser tildado como sectario y segregador
de las mujeres no occidentales; mujeres del tercer mundo que se encuentran bajo
condiciones sociales, económicas y culturales diferentes, que poseen
necesidades distintas.
Asi nacen corrientes
feministas negras y postcoloniales que a la vez reivindicar la figura de una
mujer del Tercer mundo, cuyas exigencias no se equiparan totalmente con las de
la cultura Europea o Estadounidense. El problema del feminismo, ha sido que
históricamente ha tenido fragmentaciones en cuanto a grupos aislados, es decir
ha sido un tanto egoísta en sus intereses. De hecho fue esa la principal
crítica al feminismo de las mujeres blancas, solicitando la construcción de
propuestas basadas en la diversidad y la singularidad.
Para concluir podemos decir
que la clasificación de las sociedades, la discriminación entre países del
primer y el tercer mundo, han construido un estrecho vacío en la construcción y
en la realización de la práctica feminista. Tal vez sea necesario replantear el
significado del discurso del progreso, lo que implícitamente requiere
modificaciones en muchas estructuras sociales.

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